Bulos sobre alimentación en embarazadas

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La alimentación de las embarazadas es un tema que las futuras madres deben tomar muy en serio durante su periodo de gestación. En una tienda de bebés encontrarás ropa cómoda para premamás, pero en cuanto a la alimentación lo ideal es consultarlo con un dietista.

Debe ser completa y equilibrada, es decir, debe contener frutas y verduras, carne y pescado. No es necesario atiborrarse, uno de los falsos mitos de la alimentación es que una mujer embarazada tiene que comer por dos (como si el feto en desarrollo fuera un adulto, ya ves). Eso sí, la alimentación debe ser cuidada especialmente, tanto en la cantidad ingerida como en sus nutrientes para aportar al bebé todo lo que necesita y evitar riesgos sobre algunos alimentos potencialmente peligrosos para su correcto crecimiento

Los antojos existen y son fruto de alteraciones hormonales que influyen sobre el apetito. El olfato y el gusto cambian durante el embarazo, volviéndose sentidos mucho más sensibles y afinados hasta tal punto que la mujer embarazada puede captar olores y descubrir nuevos matices en los alimentos. Esto puede funcionar en dos vías: provocándole rechazo por algún sabor/olor que ahora encuentre muy fuerte o apetencia por una comida que aparentemente nunca le hubiera llamado tanto la atención.

El aporte de proteínas, vitaminas y oligoelementos es importante durante el embarazo ya que el crecimiento del feto es rápido. La carne y el pescado son una gran fuente de todos estos nutrientes, especialmente la carne: tiene 20 aminoácidos esenciales, hierro y vitamina B12. Ya que es difícil encontrar esto en otros alimentos es conveniente no sustituir la carne por ninguna otra combinación de alimentos. Además su hierro se absorbe con más facilidad que el hierro de origen vegetal.

No obstante el consumo de carne implica ciertos riesgos que pueden evitarse siguiendo unos sencillos pasos. La carne cruda puede contener parásitos como el toxoplasma y la listeria. Dichos parásitos son peligrosos para el feto y pueden provocar graves malformaciones. La congelación puede acabar con algunas formas de toxoplasma, pero en general es mucho más seguro destruir cualquier peligro con calor: es decir, la carne cocinada es segura. El jamón y otros embutidos curados quedan prohibidos durante el embarazo por su alto riesgo para el feto.

Por culpa de la contaminación de los mares, el pescado azul puede contener metales pesados que se depositan en la grasa. Estos metales, en especial el mercurio, es muy tóxico para el sistema nervioso central. Si resulta peligroso para un adulto, imagínate para un feto que es especialmente sensible. Otro riesgo del pescado azul es el parásito Anisakis, muy grave para cualquier persona. El parásito puede eliminarse con dosis altas de calor o frío, así que morirá si el pescado se cocina o si se congela a temperaturas inferiores a -20 grados durante varios días.

A pesar de todo, el pescado azul también tiene valores muy positivos como el omega 3 o los ácidos grasos esenciales, motivo por el cual su ingesta se recomienda en pequeñas cantidades (siempre que haya sido congelado o cocinado para eliminar el Anisakis, claro).

Los hidratos de carbono y las grasas también son buenos para la alimentación de una embarazada. La clave está en las legumbres y hortalizas, aunque hay que tener cuidado para evitar sobrepeso. Las grasas deben provenir de ácidos grasos insaturados y polinsaturados como el aceite de oliva o el pescado azul. Dichos alimentos además son ricos en vitaminas A, D y E. No obstante, aumentar de peso puede afectar al hígado y otros órganos, motivo por el cual hay que consumirlos con moderación.

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